La felicidad esquiva,
se nos da sutilmente dosificada.
La vida graciosamente,
se encarga de ello.
La palabra, es consejera
nunca sucumbe ante el engaño.
El mar ese fuego fatuo que se adormila
sobre sus ondas,
es el formidable embrujo
que encanta a los poetas
y los guía por sinuosos caminos hacia
la esperanza, hacia la rosa para que canten
los bates y ruiseñores.

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